PARTO HUMANIZADO

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Hablar de parto humanizado no es solo hablar de una moda.

Es un concepto que requiere para su entendimiento de un cambio en la actitud de quien asiste a las mujeres que están pariendo. No es fácil cambiar los paradigmas. Alguien me mencionaba en una ocasión: “LO MÁS DIFÍCIL ES APRENDER A DESAPRENDER”.  Los médicos recibimos en las facultades una educación rígida que difícilmente acepta cambios. Se nos dice en que forma debemos atender un parto, y con el tiempo y la práctica hacemos de ese conocimiento una ley. Es difícil, casi imposible aceptar que las cosas pueden ser mejores si se hacen de diferente manera.
En muchas partes del mundo, se tiene una visión del parto PATOLÓGICA, INTERVENCIONISTA Y JERÁRQUICA, en la cual las mujeres dudan o se olvidan de su capacidad de parir, y ya sea por miedo o comodidad, delegan en otro la responsabilidad de su parto, permitiendo que su derecho a opinar, a solicitar, a cumplir sus necesidades sea abolido. El médico encargado entonces del parto, subido en un pedestal, TOMA EL EVENTO DEL PARTO COMO SUYO, ARREBATÁNDOLE A LA MUJER ASÍ LA POSIBILIDAD DE SER LA PROTAGONISTA PRINCIPAL DE ESTE EVENTO TAN IMPORTANTE PARA ELLA Y SU FAMILIA,  ya que considera que solo él es quien sabe que es lo que se debe hacer para tener un parto sin problemas.
El avance de la ciencia y la tecnología ha dado lugar a una excesiva MEDICALIZACIÓN DEL PARTO. La modernidad y el avance científico, en su afán de reducir peligros no necesariamente existentes en todos los casos, han llenado al evento del parto de rutinas innecesarias, tecnologías y uso de sustancias que pueden llegar a ser más peligrosas que el parto mismo. Por lógica, el empleo de estas rutinas, tecnologías, aparatos y medicamentos es del dominio de los médicos, lo que justificaría así su presencia (casi imprescindible) en los partos. Me parece que es más una manera de justificar que una verdadera necesidad.

Mucha gente, incluso las mismas mujeres embarazadas, sus familiares y los médicos, consideran que el embarazo y el parto son condiciones peligrosas que ponen en gran riesgo la vida de la mujer y de su hijo aún nonato. La realidad es que ambas son situaciones fisiológicas, o sea normales en la mujer, y solo imponen ciertas necesidades y ameritan algunos cuidados especiales, sin embargo no significan que la mujer esté enferma o que pueda ser fácilmente afectada en su salud y en su vida. Por supuesto que implican riesgos, pero solo son eso, riesgos, como aquellos que corremos todos por el simple hecho de salir y caminar en la calle, al cruzar una avenida o al manejar un automóvil.

¿CÓMO ES UN PARTO HUMANIZADO?

Dar a luz es un acto íntimo de amor que proviene de otro acto igual.

Un parto humanizado es aquel en que se toman en consideración como prioridad los deseos de la mujer y no los del médico. Se atienden hasta en lo más mínimo sus necesidades y se respetan sus derechos. Se le estimula a confiar en ella misma y en su intuición. No se le trata como a un simple objeto de trabajo ni como a una persona ignorante que no sabrá que hacer si no se le está orientando. Se le apoya en sus decisiones y se le brinda consuelo y apoyo permanente. Se le permite la compañía de quien ella decida, su pareja, su Doula, sus familiares o la persona de confianza que ella decida. Se le brindan las facilidades para que se encuentre en un ambiente de respetada intimidad, que no recuerde el ambiente de un hospital, que sea como lo dice Sheila Kitzinger: “DAR A LUZ ES UN ÍNTIMO ACTO DE AMOR, Y EL LUGAR ADECUADO PARA HACERLO ES UN LUGAR DONDE UNO PODRÍA HACER EL AMOR”. Este lugar deberá tener luz tenue y estar aislado de ruidos y presiones externas. La presencia del médico será solo para dar seguridad y tranquilidad por si algo se complica. Su intervención en el parto es mínima, y eso significa que solo se realizarán los tactos vaginales que sean estrictamente necesarios, no se realizaran procedimientos médicos o de enfermería de manera rutinaria (como la aplicación de enemas o rasurar los genitales), y menos con el simple afán de acelerar el parto (como la ruptura artificial de las membranas (amniotomía) o el uso de oxitocina endovenosa). La mujer debe tener libertad para moverse como ella lo desee en todo momento durante su parto, para hacer ejercicio, para bailar, para hacer las expresiones orales y corporales que ella desee o requiera, puede reír, llorar o gritar sin que nadie la juzgue o limite. No se le aplicarán soluciones intravenosas ya que estas limitan su movilidad. Ella puede comer y tomar todos los líquidos que quiera para mantenerse hidratada y con energía suficiente. La monitorización fetal se llevará a cabo de manera intermitente, y no está justificado el uso de monitorización electrónica continua, que también condena a la mujer a permanecer acostada durante todo el parto y es fuente de miedos, en médicos y pacientes o sus familiares por inadecuadas (erróneas o exageradas) interpretaciones de los registros, lo que lleva a la realización de cesáreas en realidad no requeridas. Se le permitirá el uso de medidas alternativas para el manejo del dolor y de las incomodidades que el parto causa, como son la aromaterapia, musicoterapia, yoga, masajes o el uso del agua en forma de duchas calientes, o la inmersión de manera intermitente en una tina con agua caliente. La mujer debe tener la seguridad y tranquilidad de que sus deseos siempre serán prioritarios y que siempre se hará lo que ella desee, incluso en relación a su solicitud de usar analgesia epidural o en cuanto a la manera de terminar su parto, que no debe temer al “que dirán” o que alguien la critique por las decisiones que tome, pues solo ella sabe lo que está viviendo y sintiendo. Debe entender que no está quedando bien con nadie más que con ella y su muy particular naturaleza. Un parto requiere tiempo, paciencia y paz. Una persona con prisas y otras cosas que hacer no es la mejor compañía para una mujer pariendo. Cuando el momento del nacimiento ha llegado, ella puede elegir donde quiere que se lleve a cabo este evento y puede adoptar la posición que más le agrade para parir (hincada, en cuclillas, de pie, de lado, en cuatro puntos, etc.).  Puede ser en la cama, en el piso, en la silla, en el baño, donde ella lo decida y se sienta cómoda y confiada, incluso dentro del agua de la tina. Las posiciones que prefieren la mayoría son las verticales. La posición tumbada boca arriba es poco elegida por la mujer que está pariendo. La mencionan como incómoda y dolorosa. Es considerada como anti-fisiológica, ya que disminuye el espacio por donde deberá pasar el feto al nacer. No existe un solo mamífero en el mundo que adopte esta posición de manera espontánea para parir a menos que sea obligado como lo es la mujer cuando los médicos le dicen que así debe parir porque es más cómodo (por supuesto para los médicos, no para ella). Nadie tiene que estarla apurando para que puje a determinado ritmo o de determinada forma. Se le debe respetar su propio “reflejo de  eyección materno fetal”, el cual se presentará en el momento que debe ser. Al respetar el ritmo de pujo de la madre y evitar la salida brusca de la cabeza fetal permitimos que la vagina, vulva y periné se distiendan de manera gradual, con lo que evitamos de gran manera los desgarros perineales importantes. No se deben realizar episiotomías (corte de los genitales que se realiza con el afán de aumentar el espacio por donde pasará la cabeza fetal y con el supuesto objetivo de evitar desgarros del periné) de manera rutinaria. De hecho, llevo varios años sin realizar una sola episiotomía y los desgarros que he tenido que reparar son solo unos cuantos y todos de poca relevancia clínica (primero o segundo grado)

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